Nacidos del Suelo
Exposición de Arte Natural
Fred Martin
Museo de la isla de Cozumel
(English version  et français  down)

Fred Martin

La obra de Martin no solo se ubica en la naturaleza, sino que emerge de ella. El uso de materiales orgánicos; ramas, barro, fibras de bambú y pigmentos naturales establece un diálogo directo con el ciclo de la vida.

Al ser estructuras expuestas a los elementos (agua, viento, crecimiento de la vegetación), la obra acepta su propia muerte. Es un recordatorio de que la conciencia humana es solo un destello dentro de los tiempos geológicos de la Tierra.

Las esculturas a gran escala, como se ve en piezas como "El Soñador" o "Cara de Bambú", utilizan la pareidolia (nuestra tendencia a reconocer rostros) para generar una conexión empática inmediata.

Al no representar a un individuo específico, sino rasgos generales, Martin crea un "espejo" de la humanidad. El rostro que parece surgir del agua o que reposa en el campo no es una persona; es la Tierra adquiriendo conciencia de sí misma.

 Es notable cómo muchas de estas cabezas parecen mirar al cielo o tener los ojos cerrados en meditación, sugiriendo una introspección profunda.

La museografia resalta el contraste entre la escala monumental de las piezas en el exterior y la intimidad del espacio de la sala.

La obra de Fred Martin es una invitación a la humildad. Al utilizar el suelo para darnos rostro, nos recuerda que nuestro "Código de Conciencia",  está intrínsecamente ligado a la biología del planeta. Es un arte que no busca la inmortalidad del objeto, sino la persistencia de la emoción y el pensamiento.

La presencia del artista en la sala, descalzo y en contacto con el suelo de la sala del museo, refuerza la coherencia de su discurso: la pérdida de la pretensión y el retorno a lo esencial.

El arte de Martin propone que la "conciencia" no es algo abstracto o puramente digital/mental, sino algo que tiene textura, olor a tierra y una finitud necesaria. Su crítica es, en última instancia, una celebración de la existencia orgánica frente a la frialdad de lo artificial.

La obra de Martin no puede entenderse sin su biografía: ese tránsito de la "jaula" (el zoológico) a la "libertad absoluta" (Canadá, Alaska, India). Esta experiencia vital se traduce en una práctica artística que rechaza la permanencia del objeto para celebrar la impermanencia del ser.

No es solo pintura; es un rito. Martin usa su propio cuerpo como una herramienta de grabado. Al rendirse a la tierra, el artista deja de ser un "creador" externo para convertirse en parte del sustrato. Es una antropometría orgánica que habla de pertenencia: no somos dueños de la tierra, somos una extensión de ella.

La elección del Museo de la Isla de Cozumel para "Nacidos del Suelo" es estratégica. Cozumel, una isla de roca caliza y selva, es un lugar donde la erosión y el mar dictan la vida.

Las esculturas de rostros que emergen de la selva o el agua (vistas en las fotos de otros lugares) también pueden dialogar con la cosmogonía maya, donde el hombre es modelado a partir de elementos naturales. La obra de Martin actúa como un recordatorio de que somos materia viva en préstamo.



La obra de Fred Martin, contenida en la serie Nacidos del suelo, podría decirse que es una crónica de una liberación. Tal vez para entender los rostros monumentales que emergen de la selva o las huellas de barro sobre el lienzo, debemos volver a su origen: la jaula.

Haber pasado su servicio civil entre los barrotes de un zoológico no fue un simple empleo para Martin; fue una experiencia ontológica. Allí, observó la vida confinada, la mirada del animal privado de su territorio y la reducción del ser a un objeto de exhibición.

De la reja al horizonte: Si la jaula limita el espacio, sus esculturas in situ en Canadá, Alaska o la India reclaman la vastedad del mundo. No hay techos ni muros; la obra respira con el viento y se disuelve en la lluvia.

En el zoológico, el humano mira al animal desde la superioridad. En sus piezas de Land Art, Martin invierte esto: crea rostros que nos miran desde el suelo, recordándonos que nosotros somos la especie que ha olvidado su origen salvaje.

Cuando vemos en la exposición las fotografías de su cuerpo impreso directamente en el suelo, asistimos a un ritual de re-naturalización.

Para alguien que vivió la rigidez del cemento y los barrotes, el acto de hundir el torso en el barro y dejar que la tierra dicte la forma es un acto de soberanía espiritual.


Entrevista 

En primer lugar, me gustaría dar las gracias a Sako por invitarme a realizar una exposición de mis logros en el museo de la isla de Cozumel.

Por supuesto, no pude presentar mis esculturas como tales, así que opté por mostrar el proceso de mi proceso de los últimos 25 años a través de una selección de fotografías, dibujos y vídeos que evocan diversos aspectos de mi trabajo.

Además, para marcar el golpe en la inauguración, y también sorprender al público, quise realizar una actuación utilizando la tierra de la isla y mi cuerpo. Aprovecho para agradecer a aquellos que me permitieron llegar al final de mi idea y sin los que no podría haberse hecho: Sako, Daniel Jauregui, Nacho, Daniel Aguilar y también a la directora del parque, así como Rubén, el guía del parque.

Por supuesto, la anécdota que puedo citar es la de la cosecha del barro de la laguna de cocodrilos en la que pude al mismo tiempo dejar una huella de mi cuerpo. Me gustaría disculparme con los responsables del parque por las repercusiones de mi acto. Dado que había tenido permiso para recoger la tierra en la laguna, no había pensado que una huella de mi cuerpo al mismo tiempo pudiera plantear algún problema.

Sako fue mi segundo cerebro para dar forma a la escenografía de la exposición lo mejor posible y siempre fue un muy buen consejo. También quiero dar las gracias a Tomás y Manuel que me han sido de gran ayuda técnica.

Exponer en un museo en conexión con su territorio y con el entorno circundante a través del parque natural fue una de mis mayores motivaciones. Estoy convencido de que mis esculturas realizadas principalmente con materiales naturales de su entorno tocarán a los habitantes de la isla, así como a los numerosos visitantes.


El proceso de impresión corporal sobre tela 
(el uso de barro y el cuerpo del artista como sello) 
añaden una capa de antropometría.

Remite directamente a las "Antropometrías" 
de Yves Klein, pero con una diferencia crítica: 
aquí no hay pintura industrial, sino tierra.

Es el hombre fundiéndose con la materia. 
La mancha de barro sobre el lienzo blanco 
actúa como un sudario contemporáneo, 
una prueba física de la existencia que es, 
a la vez, caótica y sagrada.

Mientras la tecnología busca la 
inmortalidad y la copia perfecta, 
Martin busca la desaparición
 y la huella única.

Sus antropometrías no son solo arte; 
son la evidencia de que el cuerpo
 humano ha vuelto a casa.

El artista no solo hace Land Art
sino que realiza una 
arqueología de la psique

Nada en este trabajo 
está destinado a perdurar"

En la Isla de Cozumel, territorio de coral 
y constante cambio marino, su mensaje
 resuena con fuerza: la conciencia no 
se guarda en una caja ni en una jaula; 
la conciencia se siembra.



Martin  es el organismo 
que se rinde a la materia viva.





Su obra no busca ser comprada 
o conservada en un búnker; 
busca ser digerida por el tiempo

Dado que muchas de estas obras
 están destinadas a desaparecer, 
la fotografía en la sala  del museo 
no es solo un registro,  es la obra final 
que llega al espectador urbano.

El uso de estructuras que parecen "pieles" 
vegetales o de barro refuerza la idea de que 
la identidad humana es una membrana 
permeable entre el interior y el exterior.

Su obra no busca ser comprada o
 conservada en un búnker; 
busca ser digerida por el tiempo



Video documental corto en donde 
se informa la obra de 
Fred en el estado de Veracruz

Las fotografías que cuelgan de
 las  paredes de la sala no son 
la obra en sí, sino el 
testimonio de un evento

Es la "memoria" de un encuentro 
que ya no existe, convirtiendo al 
espectador en un arqueólogo
 de lo efímero.

Para los niños el arte de la naturaleza
resulta muy amigable e interesante

Público asistente notablemente feliz
por la magnitud de la
obra presentada


La pequeña máscara de bronce 
frente a sus rostros es vital
 para entender la exposición

La serie de retratos donde personas 
de distintas etnias sostienen pequeñas
 máscaras: esto democratiza el arte, 
moviendo el foco de la gran escultura
 a la conexión individual y personal 
con el objeto.


La máscara como puente como un 
"Código de Conciencia" compartido. 
Al tapar el rostro real con 
la máscara artística, el individuo se 
despoja de su identidad particular 
para convertirse en el arquetipo. 
Es un acto de unificación humana.

Born from the Soil
Natural Art Exhibition
Fred Martin
Cozumel Island Museum


Martin's work is not only situated in nature, but emerges from it. The use of organic materials—branches, clay, bamboo fibers, and natural pigments—establishes a direct dialogue with the cycle of life.

As structures exposed to the elements (water, wind, vegetation growth), the work embraces its own mortality. It is a reminder that human consciousness is but a fleeting moment within the geological timescale of the Earth.

Large-scale sculptures, as seen in pieces like "The Dreamer" or "Bamboo Face," utilize pareidolia (our tendency to recognize faces) to generate an immediate empathetic connection.

By not representing a specific individual, but rather general traits, Martin creates a "mirror" of humanity. The face that seems to emerge from the water or rest in the field is not a person; it is the Earth becoming aware of itself.

It is remarkable how many of these heads seem to gaze at the sky or have their eyes closed in meditation, suggesting profound introspection.

The museography highlights the contrast between the monumental scale of the pieces outside and the intimacy of the gallery space.

Fred Martin's work is an invitation to humility. By using the ground to give us a face, he reminds us that our "Code of Consciousness" is intrinsically linked to the planet's biology. It is an art that does not seek the immortality of the object, but rather the persistence of emotion and thought.

The artist's presence in the gallery, barefoot and in contact with the museum floor, reinforces the coherence of his message: the loss of pretension and the return to the essential.

Martin's art proposes that "consciousness" is not something abstract or purely digital/mental, but something that has texture, the smell of earth, and a necessary finitude. His critique is, ultimately, a celebration of organic existence in the face of the coldness of the artificial.

Martin's work cannot be understood without his biography: that journey from the "cage" (the zoo) to "absolute freedom" (Canada, Alaska, India). This life experience translates into an artistic practice that rejects the permanence of the object to celebrate the impermanence of being.

It is not just painting; it is a ritual. Martin uses his own body as a printmaking tool. By surrendering to the earth, the artist ceases to be an external "creator" and becomes part of the substrate. It is an organic anthropometry that speaks of belonging: we are not owners of the earth, we are an extension of it.

The choice of the Cozumel Island Museum for "Born of the Soil" is strategic. Cozumel, an island of limestone and jungle, is a place where erosion and the sea dictate life.

The sculptures of faces emerging from the jungle or the water (seen in photos from other locations) can also be seen as reflecting Mayan cosmogony, where humankind is shaped from natural elements. Martin's work serves as a reminder that we are living matter on loan.

Fred Martin's work, contained in the series Born from the Ground, could be described as a chronicle of liberation. Perhaps to understand the monumental faces emerging from the jungle or the muddy imprints on the canvas, we must return to their origin: the cage.

Having served his mandatory military service behind the bars of a zoo was not simply a job for Martin; it was an ontological experience. There, he observed confined life, the gaze of the animal deprived of its territory, and the reduction of the self to an object of exhibition.

From the cage to the horizon: If the cage limits space, his site-specific sculptures in Canada, Alaska, and India reclaim the vastness of the world. There are no roofs or walls; the work breathes with the wind and dissolves in the rain.

In the zoo, humans look down on animals from a position of superiority. In his Land Art pieces, Martin reverses this: he creates faces that look down at us from the ground, reminding us that we are the species that has forgotten its wild origins.

When we see the photographs of his body imprinted directly on the ground in the exhibition, we witness a ritual of re-naturalization.

For someone who experienced the rigidity of cement and prison bars, the act of burying his torso in the mud and letting the earth dictate the form is an act of spiritual sovereignty.

First. I would like to thank Sako for inviting me to hold an exhibition of my work at the Cozumel Island Museum.

Of course, I couldn't present my sculptures as such, so I chose to showcase my artistic process over the past 25 years through a selection of photographs, drawings, and videos that evoke various aspects of my work.

Furthermore, to make a splash at the opening and surprise the public, I wanted to create a performance using the island's soil and my own body. I would also like to take this opportunity to thank those who made this idea possible and without whom it would not have been feasible: Sako, Daniela Jauregui, Nacho, Daniel Aguilar, the park director, and Ruben, the park guide.

Of course, the anecdote I can share is about collecting mud from the crocodile lagoon, in which I also managed to leave a body imprint. I would like to apologize to the park officials for the repercussions of my action. Since I had permission to collect the soil from the lagoon, I hadn't considered that taking a body imprint at the same time might cause any problems.

Sako was my second brain in designing the exhibition layout, and she always offered excellent advice. I would also like to thank Tomas and… who provided invaluable technical assistance.

Exhibiting in a museum connected to its territory and the surrounding environment through the natural park was one of my greatest motivations. I am convinced that my sculptures, made primarily from natural materials sourced from their environment, will resonate with the island's inhabitants as well as the many visitors.

Née de la terre
Exposition d'art naturel
Fred Martin
Musée de l'île de Cozumel

L'œuvre de Martin ne se contente pas d'être ancrée dans la nature, elle en émerge. L'utilisation de matériaux organiques – branches, argile, fibres de bambou et pigments naturels – instaure un dialogue direct avec le cycle de la vie.

Exposées aux éléments (eau, vent, végétation), les structures qu'elle crée embrassent leur propre mortalité. Elles nous rappellent que la conscience humaine n'est qu'un instant fugace à l'échelle des temps géologiques de la Terre.

Les sculptures monumentales, telles que « Le Rêveur » ou « Visage de bambou », exploitent la paréidolie (notre tendance à reconnaître les visages) pour susciter une empathie immédiate.

En ne représentant pas un individu précis, mais plutôt des traits généraux, Martin crée un « miroir » de l'humanité. Le visage qui semble émerger de l'eau ou reposer dans le champ n'est pas celui d'une personne ; c'est la Terre qui prend conscience d'elle-même.

Il est frappant de constater combien de ces têtes semblent contempler le ciel ou avoir les yeux clos en pleine méditation, suggérant une profonde introspection.

La muséographie met en lumière le contraste entre la monumentalité des œuvres exposées à l'extérieur et l'intimité de l'espace de la galerie.

L'œuvre de Fred Martin est une invitation à l'humilité. En utilisant le sol pour nous donner un visage, il nous rappelle que notre « Code de Conscience » est intrinsèquement lié à la biologie de la planète. C'est un art qui ne recherche pas l'immortalité de l'objet, mais plutôt la persistance de l'émotion et de la pensée.

La présence de l'artiste dans la galerie, pieds nus et en contact direct avec le sol du musée, renforce la cohérence de son message : la perte de toute prétention et le retour à l'essentiel.

L'art de Martin propose que la « conscience » ne soit pas une notion abstraite ou purement numérique/mentale, mais qu'elle possède une texture, une odeur de terre et une finitude nécessaire. Sa critique est, en définitive, une célébration de l'existence organique face à la froideur de l'artificiel.

L'œuvre de Martin est indissociable de son parcours : ce voyage de la « cage » (le zoo) à la « liberté absolue » (Canada, Alaska, Inde). Cette expérience de vie se traduit par une pratique artistique qui rejette la permanence de l'objet pour célébrer l'impermanence de l'être.

Il ne s'agit pas simplement de peinture ; il s'agit d'un rituel. Martin utilise son propre corps comme un outil de gravure. En se livrant à la terre, l'artiste cesse d'être un « créateur » extérieur et devient partie intégrante du substrat. C'est une anthropométrie organique qui parle d'appartenance : nous ne sommes pas propriétaires de la terre, nous en sommes une extension.

Le choix du Musée de l'île de Cozumel pour l'exposition « Né de la terre » est stratégique. Cozumel, île de calcaire et de jungle, est un lieu où l'érosion et la mer façonnent la vie.

Les sculptures de visages émergeant de la jungle ou de l'eau (visibles sur des photos prises ailleurs) peuvent également être interprétées comme un reflet de la cosmogonie maya, selon laquelle l'humanité est modelée par les éléments naturels. L'œuvre de Martin nous rappelle que nous sommes de la matière vivante en devenir.

L'œuvre de Fred Martin, présentée dans la série « Né de la terre », pourrait être décrite comme une chronique de libération. Pour comprendre les visages monumentaux émergeant de la jungle ou les empreintes boueuses sur la toile, il nous faut peut-être remonter à leur origine : la cage.

Avoir effectué son service militaire obligatoire derrière les barreaux d'un zoo n'était pas un simple travail pour Martin ; c'était une expérience existentielle. Il y a observé la vie en captivité, le regard de l'animal privé de son territoire et la réduction de soi à un objet d'exhibition.

De la cage à l'horizon : si la cage restreint l'espace, ses sculptures in situ au Canada, en Alaska ou en Inde reconquièrent l'immensité du monde. Sans toit ni murs, l'œuvre respire au gré du vent et se dissout sous la pluie.

Au zoo, l'humain observe les animaux avec supériorité. Dans ses œuvres de Land Art, Martin inverse cette perspective : il crée des visages qui nous fixent du sol, nous rappelant que nous sommes l'espèce qui a oublié ses origines sauvages.

Lorsque nous contemplons les photographies de son corps imprimé directement dans le sol, nous assistons à un rituel de renaturalisation.

Pour celui qui a connu la rigidité du béton et des barreaux, le fait d'enfouir son torse dans la boue et de laisser la terre dicter la forme est un acte de souveraineté spirituelle.

Entretien

Tout d'abord, je tiens à remercier Sako de m'avoir invité à exposer mon travail au Musée de l'île de Cozumel.

N'ayant pu présenter mes sculptures telles quelles, j'ai choisi de retracer mon processus créatif des 25 dernières années à travers une sélection de photographies, de dessins et de vidéos évoquant différents aspects de mon œuvre.

Par ailleurs, pour marquer les esprits lors du vernissage et surprendre le public, j'ai souhaité réaliser une performance en utilisant la terre de l'île et mon propre corps. Je profite de cette occasion pour remercier toutes les personnes qui ont permis la réalisation de ce projet et sans lesquelles il n'aurait pas été possible : Sako, Daniela Jauregui, Nacho, Daniel Aguilar, ainsi que le directeur du parc et Rubén, le guide.

L'anecdote que je peux partager concerne la récolte de boue dans le lagon aux crocodiles, où j'ai également laissé l'empreinte de mon corps. Je présente mes excuses aux responsables du parc pour les désagréments occasionnés par ma performance. Ayant obtenu l'autorisation de prélever de la terre dans la lagune, je n'avais pas envisagé que laisser une empreinte puisse poser problème.

Sako a été mon second cerveau pour concevoir la scénographie de l'exposition de la manière la plus efficace possible, et ses conseils ont toujours été précieux. Je tiens également à remercier Tomás et Manuel, qui m'ont apporté une aide technique inestimable.

Exposer dans un musée en lien direct avec son territoire et le parc naturel environnant a été l'une de mes plus grandes motivations. Je suis convaincu que mes sculptures, réalisées principalement à partir de matériaux naturels de la région, trouveront un écho auprès des habitants de l'île, ainsi que des nombreux visiteurs.




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